04 Radiaciones

Lo primero que se aprende al iniciarse en la radiestesia, es que todos los cuerpos emiten unas ondas o radiaciones que el instrumento radiestésico traduce mediante una serie de movimientos.

Los radiestesistas, en su afán por catalogar cuanto se ponía bajo su péndulo o varilla, fueron clasificando todos los cuerpos según sus radiaciones, llegando al extremo de afirmar que cada persona, enfermedad, medicamento u objeto, emite ondas particulares.

No es de extrañar, entonces, que intentaran hallar la radiación de cualquier anomalía detectada en uno u otro lugar.

Así fue como percibieron reacciones con sus instrumentos en el emplazamiento de las camas de algunos enfermos, y comprobaron que al hacerles desplazar la misma, o cambiar de habitación, se conseguían abundantes casos de mejoría y curación.

Las radiaciones causantes de dichas perturbaciones fueron llamadas “ondas nocivas”.

Los primeros en hablar del tema fueron los franceses; entre otros muchos cabe señalar al abate Mermet, A. Bovis, J. Martial, Chaumery, A. de Bélizal, L. Turenne y Enel.

En Alemania, destacaron Kritzinguer y Gotsche primero, y luego Von Pohl, cuya obra “Erdstrahlen als Krankheitserreger” (Los rayos terrestres como causa de las enfermedades), publicada en 1932, encontró amplio eco en todos los países.

Las primeras observaciones científicas sobre las influencias nocivas de los suelos de las habitaciones, y las perturbaciones que provocan, se atribuyen a un sabio inglés, el doctor Haviland, quien a finales del siglo pasado presentó varios de sus trabajos a la Sociedad de Medicina de Londres. Apenas le hicieron caso.

Las primeras observaciones científicas sobre las influencias nocivas de los suelos de las habitaciones, y las perturbaciones que provocan, se atribuyen a un sabio ingles, el doctor Haviland, quien a finales del siglo pasado presenta varios de sus trabajos a la sociedad de medicina de Londres. Apenas le hicieron caso.

En el periodo de entreguerras, un ingeniero francés apasionado por las redes geomagnéticas, Henri Mager, percibió la existencia de un determinado tipo de radiación en el suelo de algunos terrenos. Constato que formaban como una red de mallas relativamente regulares y que su máxima intensidad se centraba en los puntos de intersección de las líneas de la red”.  

 “Las fechas y nombres que siguen, nos indican que la investigación geobiológica se remonta a principios de siglo pasado:

 – Año 1901: Czemak y Dessaner demuestran la acción favorable de los iones negativos y la desfavorable de los iones positivos; aunque ya en 1899 Elster y Gelter “advirtieron sobre la presencia en el aire de cargas eléctricas positivas y negativas”.

– Año 1903: Rutherford y Melennan descubrieron las llamadas “radiaciones Electromagnéticas naturales, superpenetrantes”.

– Año 1929, el barón von Pohl, de Vilsbiburg (Alemania) superpuso dos mapas: uno, elaborado por radiestesistas en el que demarcaron las zonas geopatógenas y otro elaborado por médicos donde figuraban las casas de las personas muertas de cáncer en un lapso lo suficientemente extenso de tiempo.  Conclusión: todos los casos de cáncer se habían producido en zonas geopatógenas.

– Año 1932: Lehmann demuestra que “el potencial eléctrico del aire y su ionización resultan alterados en la vertical de las corrientes de agua subterráneas”.

– Ese mismo año, el Dr. Jenny, de Aarau (Suiza), por 7 años, estudió 25000 ratones de laboratorio “comprobando que los situados en zonas neutras tenían por término medio el triple de crías  que los colocados en zonas geopatógenas, y que éstos últimos presentaban síntomas de irritabilidad, agresividad, tendencia a devorar a sus propias crías, así como caída de pelos (igual que los humanos radiados hoy) y desarrollo de tumores“.

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