A6 Radioctividad – Radiación gamma, radón

Del cielo nos viene la radiación cósmica, que atraviesa la atmósfera generando a su paso nuevos elementos radiactivos, entre ellos el Carbono (C14), y llega a la superficie terrestre bombardeándonos con unas 240 partículas por segundo y metro cuadrado, sin contar los neutrinos.

El aire que respiramos, además del Carbono (C14) mencionado, tiene Radón (Rn222). Este isótopo es un gas noble de la familia del Uranio natural (U238), es radiactivo emisor alfa y lo mas peligroso es que sus isótopos o descendientes, sólidos y también radiactivos, se fijan en nuestros pulmones.

Del suelo asimilamos directa e indirectamente isótopos de las tres cadenas radiactivas principales: el Uranio natural (U238), el Uranio (U235) usado en las centrales nucleares y el Torio (Th232).

Realmente estamos rodeados de sustancias radiactivas, pero la radiactividad no es más que la emisión espontánea de partículas por los núcleos atómicos, es un proceso mediante el cual núcleos que son inestables se transforman en otros más estables hasta alcanzar la estabilidad.

El concepto de partícula se refiere también a lo que conocemos más comúnmente como radiación, que no es más que un tipo de radiación electromagnética, puesto que se absorbe y se emite como fotones. Cada desintegración de un núcleo se acompaña de la emisión de varias partículas.

La naturaleza de las partículas que emiten los núcleos radiactivos se denominan alfa, beta y gamma.

La radiactividad alfa; es la emisión por un núcleo de lo que se denomina una partícula alfa, un núcleo de He4. Este núcleo es uno de los más estables de la naturaleza y está formado por dos protones y dos neutrones. Esta radiación tiene una capacidad limitada de penetración en la materia, pero mucha intensidad energética, llega a penetrar tan sólo unos centímetros en el aire y unas micras en el tejido, no pudiendo atravesar la piel.

La radiactividad alfa transmuta el núcleo emisor en otro elemento químico que tiene dos protones menos, es decir, salta dos lugares hacia la izquierda en la tabla periódica. Casi todos los núcleos posteriores al plomo son emisores alfa.

La radiactividad beta; transforma un neutrón en un protón, emitiendo además un electrón y un antineutrino. La emisión beta también transmuta el elemento químico, creando otro con un protón más, es decir, salta un lugar a la derecha. Prácticamente todos los elementos de la tabla periódica tienen isótopos que son emisores beta. Esta es una radiación más penetrante pero menos intensa, el alcance aumenta a unos metros en aire y al espesor de la piel en el cuerpo humano, no pudiendo sobrepasar el tejido subcutáneo.

La radiación gamma; es la emisión de un fotón, y no conlleva la transmutación del elemento sino un reajuste de los protones o neutrones del núcleo para pasar a un estado de menor energía y, por tanto, más estable. Esta emisión suele acompañar a los procesos alfa y beta. El alcance de la radiación g en el aire puede llegar a los centenares de metros, pudiendo traspasar el cuerpo humano, y hasta varios centímetros de plomo.

La Comisión de las Comunidades Europeas, en su Recomendación 90/143/EURATOM relativa a la protección de la población contra los peligros de una exposición al radón en el interior de edificios, recoge en su punto II, la existencia de estudios efectuados en Estados de la Unión donde las concentraciones de radón en interiores alcanzan medias de 20 a 50 Bq/m3.

Así mismo, asegura en ese mismo punto que, partiendo de modelos de exposición, se puede tomar un factor de conversión de entre la media temporal de la concentración de actividad de gas Radón (Rn222) y el equivalente de dosis efectiva anual de 20 Bq/m3 por mSv/año, lo que lleva a dosis típicas en viviendas de la Comunidad de entre 1 y 2.5 mSv/año, alcanzando la población de algunos países los 20 mSv/año debidos al radón, cuando la propia Comunidad fijó el límite de dosis anual de exposición de la población a la radiación producida por el hombre en 5 mSv/año. Finalmente, se recoge la recomendación de que se establezca un sistema adecuado para limitar toda exposición a las concentraciones de radón en el interior de edificios, prestando especial atención a la adecuada información al público.

Así mismo, establece un nivel de actuación en edificios ya existentes de 400 Bq/m3, y para edificios de nueva construcción de 200 Bq/m3.

Radiación gamma

Origen: Materiales de construcción, piedras, baldosas, escorias, cenizas, desechos, aparatos, antigüedades, ventilación, radiación terrestre, entorno, etc.

GAS RADÓN

Un gas radiactivo llamado Radón, y que se concentra en nuestras viviendas, es la segunda causa de canceres de pulmón después del tabaco. Pero la radiactividad es uno de los pilares de la vida en el planeta tierra, no podríamos vivir sin ella, pero tampoco con su exceso. Vivimos en un medio ambiente radiactivo, el planeta tierra y su nivel de radiactividad no nos produce, en principio, ningún efecto nocivo, todo lo contrario, la madre tierra nos protege de la potente radiación cósmica gracias a su campo magnético . Fuera de este planeta la dosis de radiación seria mortal. Es la dosis la que define un umbral entre lo beneficioso y lo perjudicial.

En cada segundo de tiempo en nuestro organismo se desintegran 4000 núcleos de Potasio (K40) presente en la sal común, como también lo hacen otro número similar de núcleos de Carbono (C14) presente en el aire que respiramos. Estos dos isótopos sumados a otros elementos radiactivos que también están en nuestro organismo incorporados por la ingestión de alimentos o la respiración, como, por ejemplo, el Uranio y el Torio, elevan la cuenta a un total de unas 10 000 desintegraciones por segundo.

Las personas somos radiactivas, pero no somos los únicos. Los materiales que nos rodean también son radiactivos.

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